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Las puestas en escena, hoy.

Jorge Binaghi

Se las llame como se las llame en los diversos países (‘producción’, ‘dirección de escena’, ‘concepto’ o incluso la abominada por galicista ‘régie’ que se usa bastante en Latinoamérica), son uno de los problemas o de los puntos importantes (según como se miren) de la lírica actual.

Quien prefiere las tradicionales sin apelativos, las ‘reformadas’, las versiones de concierto, las ‘estáticas’, las ‘movedizas’, las ‘rompedoras’ y ‘provocativas’ o ‘conflictivas’, o las ‘contradictorias’. Quien las admite en el repertorio actual (claro) o en el barroco (menos claro pero en muchos aspectos comprensible), pero no en el que es todavía (hasta cuándo no se sabe) el núcleo del llamado ‘repertorio’ (básicamente Mozart y los románticos y sus derivaciones, del verismo a Strauss).

Si uno toma dos ejemplos abucheados el mismo día en que coincidió su estreno, el de la Carmende la Scala y el del Macbeth de Viena, al margen de otros elementos que hayan contado para la mayor o menor aceptación del resultado ‘global’, hay algo que llama la atención. Una, secundaria, es que las responsables eran mujeres. Pero si la versión de Macbeth es caprichosa, incoherente, confusa en todos los niveles (ballet incluido, en el que también intervino la directora), la de Carmen, guste o no (personalmente le he encontrado bemoles y sostenidos, pero en momentos concretos), está gobernada por un discurso serio, claramente pensado del principio al final, trabajado junto con el director de orquesta (supongo que la insistencia en que saludara incluso en la segunda función y la ‘defensa’ implícita que eso suponía de parte de Barenboim) y que probablemente por querer ser llevado a sus últimas consecuencias no tuvo en consideración la ‘gramática’ operística (singularmente, se trataba también de dos primeros trabajos para la escena lírica), que, sea lo que sea, está ahí y no se puede quebrar impunemente.

Emma Dante lleva detrás una obra teatral (de prosa) que la coloca entre lo más interesante del nuevo teatro italiano (y acaba de publicar una excelente primera novela que pronto llevará a la pantalla): me pregunto si, de invitarla, volverá a pensar en poner en escena una ópera. Vera Nemirova es una brillante alumna de Konwitschny, uno de los niños terribles de la escena lírica alemana que se apresta a su vez a estrenar Lohengrin en Bayreuth el verano próximo (habría que ver qué pensaría de esto su abuelo, el gran director Franz del mismo apellido); seguramente el futuro de la señora Nemirova es bastante más seguro y atractivo (al menos en los teatros líricos de habla alemana, pero a lo mejor también en el Liceu barcelonés).

viernes, 01 de enero de 2010
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