Gonzalo Pérez Chamorro
Sería difícil encontrar a algún coleccionista de discos, que por el mismo impulso de coleccionar lo inencontrable, no haya echado mano de Internet, o en otras palabras, no se haya bajado un disco de los programas P2P o por descarga directa de archivos. Yo, que lo he hecho (supongo que quien se ha gastado lo mismo que un 4x4 en elepés, cedés y deuvedés, y no le regalan nada a cambio, tiene la excusa, el razonamiento o el motivo para hacerlo), encuentro que hay una enorme laguna inexplicable en las compañías de discos. Sabemos que los sellos de toda la vida no apuestan como antes en los discos grabados en estudio, editando cada vez más grabaciones en vivo, que venden en un solo disco con gran calidad de sonido (casi siempre) o que puedes comprar a través de sus webs en formato MP3 a menor precio y menor calidad, que sigue siendo muy buena.
Espero no perder el hilo del asunto, seguimos. Las emisiones radiofónicas de muchos países (la excelente BBC por ejemplo, con sus Proms incluidos) son recogidas en MP3 por oyentes y “volcadas” en archivos en Internet para la descarga gratuita de los que pertenecen a ese club (solo hay que registrarse, generalmente con una cuenta de correo, algo que se hará por millones todos los días). Si un concierto en MP3, con buena calidad, viene a ocupar unos 200 MB de espacio en deuvedé (más o menos el 10 % de su capacidad total), cómo es que no editan las orquestas o los teatros (los sellos discográficos también, por qué no) varios deuvedés de sonido al año con sus mejores conciertos, editados en una cajita de toda la vida con su carátula, al precio de un deuvedé: serían muchas horas de música, con buena calidad de sonido y precio asequible. Ferysa y las demás distribuidoras europeas supongo que harían en distribuir estos tesoros en vivo, que como sabemos son emisiones pasajeras que quedan sólo en la memoria de quien asistió a los conciertos. Creo que por esta vía se abren muchas puertas a un nuevo mercado.
domingo, 01 de noviembre de 2009