El día que los médicos me comunicaron que me quedaban siete horas de vida pensé que se trataba de un error. Uno de tantos. ¿Acaso no amputan piernas sanas u olvidan tijeras en lugares sólo visibles en radiografías? Pero el tono del doctor fue severo: “Estamos obligados a hablarle con total franqueza. Siete horas, ni una más”. Salí sin mediar palabra y caminé calle abajo sin acertar a gobernar mi gesto.
El mundo seguía girando con la misma indiferencia. Entonces acepté el veredicto. No malgastar...
El próximo lunes 2 de febrero se representará en el Palau de les Arts de Valencia la première del Fausto de Gounod, espectáculo programado por el coliseo en esta tercera temporada.
Si retrocedemos treinta y cinco años en la historia cultural valenciana nos encontramos con otra representación de la misma ópera (16 de mayo de 1974), programada por la entonces existente AVAO (Asociación Valenciana de Amigos de la Ópera) y con un reparto de lujo, que contaba con las intervenciones de Ángeles Chamor...
Era extraño que Barenboim no hubiese sido nunca invitado a dirigir el Concierto de Año Nuevo en Viena hasta 2009. ¿O no era extraño? Algunos otros grandes directores tampoco lo han sido, y Barenboim –en mi opinión el más grande entre los vivos – tampoco había dado especiales muestras de sintonía con el repertorio de la dinastía Strauss. Por otra parte, también hay que señalar que algunas batutas de mucho renombre no han dado precisamente en el clavo en estos conciertos, Abbado en primer lugar.
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Noche. Altas horas de la madrugada. Silencio total. Es el momento en que los objetos de nuestra vida cotidiana, en su silente quietud, se diría que cobran vida de repente, que nos observan. Si el piano, que reposa en su rincón de siempre, cobrase también esa vida nocturna y se pusiese a sonar por sí mismo, seguro que de su interior saldría algo muy parecido a cualquiera de las piezas breves que pueblan el catálogo de madurez de Scriabin. Porque, en efecto, esta música alucinada, febril e insomne...
Escribo estas líneas después de haber asistido al recital de Ben Heppner y a una de las funciones de The Rake’s Progress en el Teatro Real, lastradas ambas por la incompetencia de los respectivos directores, Eric Hull y Christopher Hogwood, y por las serias limitaciones de la Sinfónica de Madrid, una formación que aun habiendo mejorado a lo largo de la última década sigue careciendo de la destreza necesaria para hacer plena justicia a buena parte de las partituras que se le ponen por delante. El...