Las grabaciones de música clásica en CD van últimamente de capa caída, como todos los melómanos sabemos; al menos las que se hacen en DVD no disminuyen, por el momento, sino más bien lo contrario.
Es un consuelo, pero no las sustituyen por completo, porque, aunque las imágenes sean un complemento, algo que se añade al sonido, hay muchas personas para las que esto no es una solución, pues escuchan música por ejemplo en el coche, o mientras trabajan, y los DVDs exigen atención no sólo del oído, s...
Al tiempo, año arriba año abajo, en que Schoenberg acuñaba la celebérrima frase que dice más o menos aquello de que “todavía es posible escribir mucha música bella en do mayor”, cuya exégesis humo ha hecho salir de los cráneos de tantas y tantas cabezas privilegiadas, Sibelius presentaba la Séptima de sus sinfonías, partitura ciertamente hermosa, escrita precisamente, como si de un símbolo se tratara, en la misma tonalidad de do mayor.
Ningún problema; Sibelius era un insignificante reducto del...
Cuando escribo estas líneas, está a punto de concluir 2008 y uno no puede evitar hacer su balance particular del año transcurrido. Ha sido, como todos, un año rico en acontecimientos, pero en lo musical lo recordaré, entre otras muchas cosas, por el fallecimiento de mi querido, admirado e idolatrado Giuseppe di Stefano, el cantante que me descubrió la ópera.
Fue hace unos cuantos años ya, en el Colegio Mayor América de la Universidad de Oviedo, donde cursaba mis estudios de Filología y en cuya ...
Me parece que fui el primero que tuvo la oportunidad de comentar un disco suyo en una revista especializada española. Fue en el número de diciembre de 2002 de RITMO, y la grabación reseñada era el Romeo y Julieta que, en producción escénica del Teatro Villamarta, se ofrecía en Oviedo de la ópera de Gounod.
La estrella del evento era entonces Ainhoa Arteta, pues el tenor apenas era conocido por el gran público. Escribí entonces que “el joven mexicano Rolando Villazón puede y debe mejorar su técn...
La prensa unánimemente se ha hecho eco del desembarco en el Teatro Real de ese mago de la publicidad que es Gerard Mortier.
Con un curriculo espectacular; ha sido director omnímodo del Teatro de la Monnaie de Bruselas, del Festival de Salzburgo desde 1990 a 2001, de la Triennal del Ruhr y finalmente del Palais Garnier y de la Opera de la Bastille ambas en París, este director belga iba a hacerse cargo de la New York City Opera cuando un drástico recorte en los presupuestos, dio al t...