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Collage musical

Inés Ruiz Artola

Es que no me decido. Si quieren achánquenlo a una falta parcial o absoluta de carácter -que ni yo misma negaría- aunque con todo y con eso, a mí me da que esto me sale así porque: ¡es que hay tanta buena programación musical por estas tierras que los mortales andamos en un verdadero sinvivir! Y como hay tanto y tan bueno, les traigo ahora este collage, del que no estoy segura si merece tal título –si Monsieur Picasso me escuchara…- pero no se me ocurre otro mejor tras aglutinar aquí recortes y pedazos de estampas que han quedado en mis memorias diversas (a corto, medio, largo y nulo plazo) después de este intenso mes, lleno de días y de conciertos. Estas son tres de mis impresiones musicales -entrecortadas para no atosigarles y porque yo no doy mucho más de sí- del mes de noviembre. Café, periódico y pipa.   

Para empezar…Haydn, Mozart y un café
 
Claro, pero si es que en aquella época no sabían qué era el Romanticismo, no había estallado esa época tan fructífera, pretenciosa y autodestructiva en la historia del hombre. Me pregunto cómo sería vivir sin “eso” a las espaldas. Mozart fue de los primeros músicos que aspiraron a una profesión liberal. A la violinista parece que le falta rodaje, hay algo de miedo, y con Mozart no se puede tener miedo. Tampoco entonces había estallado la Revolución Francesa, ¿cómo es posible? No me entra en la cabeza. En el asiento de la Filarmónica (que acabo de cambiar) encuentro con extrañamiento y una sonrisa sumergida en el ensueño, purpurina dorada repartida por todo el sillón…¿quién se habrá sentado aquí antes?, ¿qué clase de ser o personaje? El aforo no estaba completo y dejaba algo de incómoda desnudez al tampoco muy poblado escenario. Pero el sonido de la orquesta barroca japonesa (toma ya) fue transformando todo con su varita, primero parando el tiempo, luego encogiendo el espacio, hasta que por fin todos nos acurrucamos en nuestros asientos, absortos por la sencillez de la música. Sencilla, que no banal. Me confirmo en mi predilección por los clásicos, por adorar lo sencillo y por mi falta de concentración en piezas dilatadas hasta la eternidad. Y ese pequeño conjunto instrumental tocaba como si se tratase de un mecanismo de relojería perfecto, con suavidad acariciaban las cuerdas, pasaba el aire por los vientos, danzaban los arcos…
Discúlpenme,  voy a echarme un café.
 
[Ficha técnica: Haydn: Sinfonías Hob. 1/26 y 1/43, Mozart, Concierto para violín KV 216 y Divertimento KV 137. Orquesta Libera Classica. Director y violonchelo: Hidemi Suzuki. Violín: Natsumi Wakamatsu. Filarmónica Nacional de Varsovia. Sábado 12 de noviembre de 2011, 19 horas.
Escrito al día siguiente, mirando el nublado desde la ventana con un café recién hecho].
 
A mediados…¡Pero mira que somos barrocos!
 
Eso creo yo. Me refiero a los españoles. Y algo surrealistas, lo que para nada contradice el enunciado anterior sino que más bien lo afianza. Díganme que no, pero ¿acaso no haría las delicias de cualquiera de los discípulos de papa Breton (me refiero al francés, no al de la zarzuela) el saber que las vírgenes sacadas en Semana Santa solo tienen cara y manos y que el resto es bastidor?, ¿no dice mucho eso del Barroco?, ¿del Surrealismo?… ¿de “lo español”?. No se me enfaden ustedes, esto no es nada malo sino altamente original, profundamente filosófico y epidérmicamente divertido. Y cada vez me convenzo más -deben ser los años en el destierro que han hecho que una se convierta en una completa desarraigada allá donde vaya- de que somos muy barrocos, y no me refiero a (o solo a) la indumentaria. Vean nuestro peculiar sentido de la religión, nuestra necesidad de espectáculo de puertas afuera, nuestro gusto por lo suntuoso (que de tanto serlo, se hizo falsísimo sin recordar cuándo), nuestra retórica y abigarramiento, las volutas de nuestro lenguaje, lo disfrutones que somos de la fiesta y lo que se escuchan nuestras risas. Mucho teatro –que no cuento- tenemos. Vamos, no se enfaden, es así. Y resulta encantador.
 
Bueno, estarán pensando qué demonios tiene que ver esto con la música, al menos clásica. Pues verán, es que estuve en un concierto de los españoles Al Ayre con obras de José de Nebra y Domenico Scarlatti, y me acordé de esto que vengo diciéndoles. La verdad es que también me acordé de mis primeras clases de Estética Musical, con mi primer libro gordo y sin dibujos, con mi primer profesor serio –seriote- “de verdad” (a quien mando saludos, por cierto) en las que escuché por vez primera que en aquellos tiempos –¡en todos los tiempos!- hubo pensadores preocupados por el hecho musical. Qué preciosidad esa historia del nacimiento de la ópera, de los pensadores de la Camerana Bardi, de las teorías que rescataban una Antigüedad ficticia y profundamente filosófica. Qué tiempos -los barrocos y mis quince- …tan surrealistas ambos dos.
 
En fin, como les comentaba, allá que salieron los intérpretes  de Al Ayre a saludar en esa estupenda sala llamada Lutoslawski de la radio polaca, con unas sonrisas de oreja a oreja, de forma muy relajada y desenfadada. Empezaron a tocar y, no solo es que demostraron un dominio interpretativo y técnico increíble, con una compenetración que solo se da en los grupos musicales en los que se nota que disfrutan lo que hacen, sino que tenían una puesta en escena de lo más peculiar y atractiva ¿O será que yo me he acostumbrado al hermetismo polaco, a la rectitud interpretativa, a que aquí la gente casi ni parpadea? Y ellos no, ellos se agitaban con la música, se alegraban o entristecían con el texto e interpretaban con sus instrumentos todas esas emociones de una forma un tanto casi amanerada, profundamente barroca, exquisitamente atractiva, con chispa pero sin resultar caricaturesca. Todo era creíble. Todo fue un fascinante viaje en el tiempo, a aquellos remotos tiempos del Barroco, de la Antigüedad…y de mis quince.
 
[Ficha técnica: Obras de José de Nebra y Domenico Scarlatti: cantatas religiosas y música instrumental. Intérpretes: Al Ayre español. Director: Eduardo López Banzo. Voz: María Espada. Sala de conciertos “Lutoslawski” de la Radio Polaca. Domingo 20 de noviembre de 2011, 19 horas.
Escrito unos días más tarde. Reflexionado de madrugada].
 
Y a finales…una leyenda viva (y muy joven)
 
Comprenderán ustedes que para mí el mes haya casi terminado el día 26 y no el que marca el calendario, porque es que ese día fui una de las afortunadas en acceder a la Filarmónica y ver a Hilary Hahn tocando el concierto de Mendeldssohn op. 64 acompañada de la excelentísima orquesta de la Radiophilarmonie de Hannover bajo la batuta de Elvind Gullberg Jensen.
 
¿He de decirles algo más? Poco más, ¿verdad?... Que el teatro estaba hasta los topes, que tuvieron que atrasar más de diez minutos el concierto porque la gente se apelotonaba e intentaba comprar entradas por todos los medios… Que un Mendelssohn tan conocido –sí- tan virtuoso y de lucimiento –también es verdad- fuese interpretado por un talento así, a quien  iba como anillo al dedo cada pasaje, como si estuviese escrito para ella, era un acontecimiento sin igual, como presenciar un momento histórico. Y si no, que baje Dios (o el vecino de arriba, si son ustedes ateos) y lo vea. Magistral: trinos, dobles cuerdas, agudos clavados, ataques decididos y segurísimos, un prodigio casi indescriptible. Escuchándola les juro que pensé “Ahora entiendo la fascinación que tuvo que sentir el público escuchando a Paganini”.
 
Y qué orquesta. Qué lujazo de orquesta. Sin palabras. Aún estoy demasiado cerca del milagro como para siquiera intentar balbucir unas cuantas frases con sentido. Fue tanto ese Mendelssohn (y eso que yo no soy muy fan de los románticos, como ya me delaté anteriormente) que la cuarta de Bruckner se eclipsó irremediablemente y se perdió en las conciencias de un público aún absorto por el acontecimiento vivido antes del descanso. Desde luego que el programa era un tanto ambicioso. Al menos para los que gozamos de inteligencia media y una capacidad de concentración algo reducida. Con todo y con eso: bravo, bravísimo. Qué maravilla de fin de mes. Bueno,…casi.
 
Casi, sí, casi…
 
…Fin de mes. Porque el martes 29 viene Arcadi Volodos con Brahms, Liszt y Schubert. Definitivamente noviembre termina el 29, se pongan ustedes como se pongan., ¿Entienden ahora lo del sinvivir? Un sinvivir, desde luego, envidiable y deliciosamente abrumador, ¿no les parece?
 
jueves, 01 de diciembre de 2011
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