Jordi Caturla González
Nos deja a los 80 años uno de los grandes, uno de esos músicos sin los cuales es imposible entender el jazz. Paul Motian no sólo era un baterista excepcional, era por encima de todo artista revolucionario cuya contribución al lenguaje moderno fue decisiva. Motian pone patas arriba el concepto de solista cuando entre 1959 y 1965 forma parte del trío más influyente de la historia del jazz, el que formó junto a Bill Evans y Scott Lafaro. La liberación sonora de la hasta entonces subordinada sección rítmica acababa de nacer para hablar de tú a tú con el piano. En este sentido, Waltz for Debby –comentado anteriormente en este blog- o Sunday at the Village Vanguard quedan para la posteridad como verdaderas e innovadoras obras maestras. Motian ha sido desde entonces una referencia absoluta y por tanto uno de los músicos más deseados: Paul y Carla Bley, Keith Jarrett, Charlie Haden o Joe Lovano entre otros han contribuido, a través de numerosas formaciones e interesantes proyectos, a agrandar la leyenda del músico de Providence. De los ritmos básicos a los más complejos, de lo clásico a lo vanguardista, Motian manejaba la batería con un toque exquisito, una sorprendente y controlada libertad y un ingenio al alcance de muy pocos. Su prolífica, exitosa y larga carrera quedará para siempre en sus discos. Además de los dos citados –imprescindibles-, le recomiendo los siguientes:
Tribute (1974). Motian, Haden, Ward, Brown, Metzke. ECM 1048
Bill Evans (1991). Motian, Lovano, Frisell, Johnson. Winter&Winter 919043-2
jueves, 01 de diciembre de 2011