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El Holandés Errante: Discografía inevitable

Javier Extremera

Aquellos afortunados –seguramente despistados- que asistieron en el Hoftheater de Drede al estreno en 1843 de “El holandés errante” (la primera gran obra de Richard Wagner) seguro que llegaron a su casa limpiándose las babas y con los pelos aún de punta después de asistir a tan monumental atracón sonoro. Más de uno en su butaca no debió de dar crédito a lo que se colaba por sus oídos. La tensión se agarraría fuertemente a sus músculos. La cabeza empezaría a dar vueltas orgiásticamente. El cerebro se pondría en estado de máxima ebullición. El olor a mar empaparía durante semanas su ropa. ¿De donde provenía esa arrebatadora música? La revolución operística y –sobe todo- la excelsa dramaturgia, daba sus primeros latidos, abría las primeras e inexploradas puertas. Qué pensaría uno si después de saborear este negrísimo monumento musical a los pocos días decidiera ir al estreno de otra obra parida en esos mismos decimonónicos días como es el Don Pasquale de Donizetti. ¿Nos parecería una broma de mal gusto? Wagner se presentaba al mundo presente como lo que iba a ser en un futuro mundo. El primer gran héroe wagneriano hacía por fin su entrada en escena. El prototipo de heroína redentora se desnudaba por primera vez ante nosotros. Wagner se adelantaba a otro genio –Sigmund Freud- en la carga psicoanalítica de sus personajes. Al fin brotaba de una partitura el primer y sublime monólogo wagneriano: Die frist ist um. Empezaba a germinar el mito.

 
Estos son -por orden de fascinación personal - los cinco Der Fliegende Holländer que uno debe de tener siempre a mano en su botiquín wagneriano.
 
1. KLEMPERER – NEW PHILHARMONIA ORCHESTRA (EMI) 1968
 
El de Breslau sigue en la cúspide de esta obra con la grabación de 1968, ya declarada “Patrimonio de la Humanidad”. Lástima que este sea el único acercamiento discográfico en estudio a una ópera de Don Ricardo. Abbey Road transfigurado en ruidoso yfantasmal puerto de mar. Impresionante Senta de Anja Silja, que por entonces aún lloraba por la muerte del gran amor de su vida y uno de los mayores profetas y descendientes wagnerianos, Wieland Wagner. Gracias a sus prodigiosos malabarismos vocales se atreve a cantar la enmarañadísima Balada en su tonalidad original. Theo Adam es un magnífico holandés pero sin dejar una huella perenne para la posteridad. Oportunidad de escuchar el Wagner del huidizo -pero muy elegante- Ernst Kozub como Erik. Curiosamente el “Our Sigfried” de John Culshaw, ya que fue la primera y fallida apuesta para dar vida al Sigfrido en el Anillo discográfico de Solti (demos mil gracias a Wotan por la sanísima decisión de poner finalmente al legendario Windgassen). Martti Talvela –uno de los más colosales bajos del s. XX, tanto en voz como en tamaño- dota de una superlativa nobleza a su Daland en la maravillosa “Mögst du, mein kind, den fremden mann” que Klemperer ralentiza y estira hasta la desesperación en un envolvente baile sonoro. Solo un bajo de su indescifrable categoría podía aguantar el arreón del Maestro. La dirección de Klemperer es de una transparencia, exquisitez y refinamiento inalcanzables. Lástima que nunca pudiera poner sus pies en el foso del Festspielhaus, hubiera sido una fecha memorable en el calendario wagneriano. Irreprochable la New Philharmonia, de sabrosa textura y rica pureza sonora wagneriana. Una grabación de esas de llevarse a la puñetera isla desierta.
 
2. KNAPPERTSBUSCH – ORQUESTA DEL FESTIVAL DE BAYREUTH (Golden Melodram) 1955
           
Otro de los más inolvidables directores wagnerianos de la historia dirigió desde la Colina Verde en 1955 este Holländer de resonancias clásicas y eterno aroma. Una época que por desgracia ya nunca más volverá. Supuso el estreno de la obra en el postbélico “Nuevo Bayreuth” con puesta en escena del nietísimo Wolfgang. Repleto de lirismo, con embaucadores claroscuros y explosivo romanticismo. Varnay se desborda en decibelios como Senta y Windgassen –con ciertos apuros en los agudos- nos regala un juvenil Erik como lazo final del producto. Los Coros fueron forjados por el grandioso orfebre de Wilhelm Pitz. Lástima la pobreza de su sonido que pese a ello coloca a este holandés en una posición privilegiada de la historia.
 
3. BARENBOIM – STAATSKAPELLE BERLIN (Teldec) 2001
           
De ampuloso y ya moderno sonido (los tiempo mandan) con este holandés el pope Barenboim daba por concluido su ciclo de grabaciones operísticas wagnerianas que van desde las velas de este buque fantasma hasta el redentor santo grial. Un broche de oro a unos registros que perdurarán en el tiempo gracias a su fervorosa y ardiente dirección, muy terrenal y enraizada a la tierra (o a la mar, según se mire). Decepcionante Senta de Jane Eaglen y lóbrego Holandés de Falk Struckmann con ciertos apuros en la parte alta. Del resto del reparto (maravilloso Timonel de un Villazón que daba sus primeros pasitos) destaca con fuerza el Erik del grandioso Peter Seiffert, puro fuego (también lo grabó para Naxos con Steinberg). Un personaje y un cantante que pudimos saborear en vivo en las representaciones del Teatro Real en el inolvidable verano de 2003, en unas funciones ya ensambladas a las memorias de los que tuvimos la suerte de asistir al milagro escénico.
 
4. DORATI – ORQUESTA DEL COVENT GARDEN (Decca) 1961
 
Este registro aparece en la lista gracias a George London (junto a Hotter el mejor holandés de la historia). No olvidarse tampoco de él en la grabación junto a Kna y la Wiener Philharmoniker para Decca de 1969, donde encontramos el más grande “Die Frist ist um” que se haya registrado nunca en disco. La racial Senta del torbellino Rysanek le secunda como esforzada heroína. Por aquella época la batuta de Georg Solti (el más grande director wagneriano del s. XX) ya dormitaba todas las noches en el Covent Garden, de ahí que su Orquesta suene tan esplendorosa. Su plantilla fue obligada a llevarse el instrumento a casa para ensayar al calor del hogar con el fin de estar a la altura ante el Mefistófeles que tenían como director titular. Pese a que Dorati carece de la fuerza y el fuego exigido por Wagner en la dirección (todo suena demasiado “limpio” y “bonito”) un Holandés que el canadiense hace de obligado conocimiento.
 
5. NELSSON – ORQUESTA DEL FESTIVAL DE BAYREUTH (DG) 1985
 
Único registro en DVD recomendable de los pocos que existen en el mercado. Este producto no está aquí por la chispeante -pero pobre- dirección de un irreconocible Woldemar Nelsson. Ni tampoco por el poderosísimo sonido de la Orquesta del Festival de Bayreuth. Tampoco se incluye por su irregular reparto, donde solo brilla con cegadora luz el Daland del voluminoso Matti Salminen. Este holandés está puesto donde está por el trabajo de escena debido al mago Harry Kupfer, que nos regala una visión laberíntica y freudiana de la obra de esas de guardar en vitrina de museo. ¡Qué tiempos aquellos en que Bayreuth era el espolón de proa wagneriano! Curiosamente la puesta al día de este desgarrador montaje lo pudimos ver y admirar en el Teatro Real en 2003 de la mano de Barenboim y las hordas de la Staatsoper berlinesa. Unas funciones que tocaron con las dos manos el techo operístico de este país.
 
 
REPARTO IDEAL
 
Director: Otto Klemperer
Director de Escena: Harry Kupffer
 
Holandés: George London
Senta: Astrid Varnay
Daland: Gotlob Frick
Erik: Peter Seiffert
Timonel: Fritz Wunderlich
jueves, 01 de diciembre de 2011
Comentarios
pereira martinez
# pereira martinez
jueves, 22 de diciembre de 2011 19:30
Buena percepción
Javier Extremera
# Javier Extremera
jueves, 05 de enero de 2012 13:18
Veo que es Vd. hombre de pocas palabras... me gusta.

Se agradecen ese par de palabras... Al menos dan ánimos para seguir remando... Un saludo y Feliz Año
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