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Entonando un ruido V

Lucía López

Octubre no llegó como esperaba, lo que esperaba sólo eran referencias, referencias de otros años, los pasados. Octubre, este año, sobre todo ha sacrificado la música que circula por lo general fuera de las salas de música clásica, aunque ya pertenezca a lo que se entiende por música culta y cada vez se programe más, contribuyendo a su desarrollo. Me refiero al Festival Experimentaclub y al Festival Sonikas, el primero más heterogéneo y el segundo más orientado al arte sonoro, música experimental, paisaje sonoro. La buena noticia es que el Festival Sonikas al final ha conseguido subvención y se celebrará el 6, 7 y 8 de Diciembre, la dificultad, la carencia nos ayudará a valorarlos.

Por lo demás ha sido un mes repleto de citas. De las posibles acudí a dos muy próximas en el tiempo, no fue fácil la elección.
 
El martes cuatro de octubre se celebró en el Auditorio Nacional un concierto del Proyecto Veinte21: “Red Chair Concert I /Fronteras I”. Fue extraño comprobar que la Sala de Cámara estaba casi al completo y la variedad en el público también era considerable en comparación a otros conciertos a los que he asistido. No puedo adelantar el motivo simplemente porque lo desconozco, mi lado más realista me lleva a pensar que se debe a la ausencia de este tipo de conciertos en los meses de verano y, mi lado más entusiasta me dice que el público está más predispuesto y exigente como una misma realidad indisoluble-indubitable. Aunque quizá sólo sea el resultado de los duros años de trabajo y las propuestas arriesgadas del Proyecto Veinte21.
 
Pudimos escuchar un acertado arreglo del “Bolero” de Maurice Ravel/Frank Zappa, “Déserts” de Edgar Varèse, me encanta Varèse, piezas de Frank Zappa. Pero las piezas que más me gustaron fueron: “Éclat” de Pierre Boulez que sonó aséptica y emocionante y “Semana Santa en Gomorra” de Juan José Colomer fue con la que más disfruté, sin duda me trasladó a nuestra tradición percusiva, a los recuerdos de que dispongo, no sólo almacenamos olores, sabores, palabras..., sólo hace falta que algo abra la puerta, a lo que habíamos preservado, a veces tanto, que habíamos olvidado que estaba. La viví como una procesión serena, sinfónica, tozuda, donde recuerdo sobre todo los instrumentos de viento y la percusión en especial. Todos los músicos me parecieron muy brillantes, pero la sección de percusión en particular, no se si por mi debilidad por la percusión o porque esta pieza estuviese destinada a destacarla. Luego no sé porque apreciaciones me asombró la percusionista Rosa Tornel, tan joven insuflando la vibración justa a cada tono, el arpa de Celia Zaballos también sonó magnífica.
 
El cinco de octubre acudí a la Fundación Juan March, al que resultó un brillante homenaje al compositor Francisco Guerrero Marín: “Generación Guerrero in memoriam” en el Aula de (Re) Estrenos. Pudimos escuchar piezas del propio Francisco Guerrero (algo para mí indispensable en este tipo de reconocimientos), de César Camarero, Jesús Rueda, Jesús Torres, Alberto Posadas y David del Puerto. Aunque llegué puntual al concierto, desconocía que RNE, radio clásica, realizaba una emisión con la presencia de la mayoría de los compositores: alumnos y/o amigos, que también se programaban que intercambiaron recuerdos e impresiones, y lamenté no haber estado desde el principio. En este tipo de conciertos gratuitos, sospecho que los recursos no deben ser muchos o al menos no comparables con otras instituciones y, me alegró tanto descubrir la inteligencia y excelencia con la que estos recursos fueron dispuestos, que la elección de las piezas fuera tan acertada y llena de referentes, hace intuir el gran equipo o las personas que se encuentran en la zona no visible de la Fundación Juan March. En esta ocasión se dieron lugar más curiosos que interesados y sobre todo a partir del momento en el que comenzaron las piezas electroacústicas, el público de la sala quedó reducido de manera considerable. No conocía la obra de Guerrero, sólo alguna obra de algunos de los compositores que le homenajeaban. Todas las piezas me interesaron, aunque las que más despertaron nuevas sensibilidades fueron las 3 piezas electroacústicas, sin duda la que más me impresionó y en este punto reconocí con más nitidez como maestro a Guerrero, fue en su pieza “Cefeidas”, su capacidad de abstracción me pareció más marcada que en las otras dos piezas electroacústicas (aunque en ello reside también la personalidad y los nuevos caminos marcados por Alberto Posadas y David del Puerto) y sus movimientos me recordaban la pincelada gruesa, difuminada del John Constable o el Turner más abstracto, los espacios profundos y planos de Rothko o los últimos etapa de Zao Wou-ki, sirviéndome como un inesperado ecualizador de los sonidos de Guerrero que no podría ser más exacto en un ecualizador al uso, no es extraño pues que Zao Wou-ki fuese amigo de Varèse y a él dedicase uno de sus cuadros. Los presentes fuimos testigos de una sesión hipnótica y demoledora, no puedo definir de otra manera a Guerrero.
 
martes, 01 de noviembre de 2011
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