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La corbata

Raul Mallavibarrena

Sólo era una finita extensión de tela, cortada de algún modo, cosida de otro, teñida de ocres y azules oscuros, pensada para rodear el cuello y acercarlo a la elegancia. Llamada a permanecer enroscada como una serpiente dormida la mayor parte de su existencia, metida en una caja, incluida en mi armario, dentro de mi cuarto, en el interior de mi casa.

Sólo era una corbata, un regalo de mi madre para mi primer concierto, un talismán, un recuerdo, un empujón hacia la seguridad, una dosis de autoestima en el salto al vacío: “para que estés muy guapo, hijo, en este día tan señalado”.
 
Pero yo no soy de corbatas, mamá, ya lo sabes. Además necesito respirar bien, mi instrumento lo exige.

Bueno, como quieras hijo, si no quieres, no te la pongas.
Pero era la corbata que me compró mi madre, la corbata del estreno, la corbata de la suerte. Metida en su caja, la cogí del armario, la guardé en la bolsa con el resto de la ropa, y la saqué de mi cuarto, la alejé de mi casa, conmigo, camino del teatro.
Recital de tuba, sólo era un recital, aunque fuera el primero. La sala casi llena, y mi amigo Ramón –que me acompañaba al piano- tranquilizándome: “triunfarás, ya lo verás, lo hemos preparado muy bien”
¿Chaqueta y corbata, o camisa? Es sólo una indumentaria, una exigencia social, un protocolo de los conciertos. Y aquel era mi primer concierto. Busqué en la bolsa y encontré la caja. Dentro estaba la corbata. No la quise abrir. No me la pondría. Yo no soy de corbatas. Me ahogan un poco y mi instrumento necesita aire.
Me asomé por una esquina del telón. Murmullo de sala antes de un concierto. Mis padres, mi hermano Luis y mi hermana Tere. Todos en primera fila. Mi madre estaba en silencio, más nerviosa que yo.
Sin corbata entonces, lo primero es el aire. Ella lo entenderá. Sólo es un concierto, aunque sea el primero. Sólo es una corbata. La camisa es suficiente.
Salió bien. Muy bien. El público aplaudió con cariño, pero siempre un paso por detrás de mi madre. Por cada palmada de ellos, mi madre daba dos. Me sacaron dos veces al escenario, y en la segunda Ramón me dijo: “toquemos un bis, es lo justo”. Pero me volví a meter. La gente siguió aplaudiendo. Al fin salí. Cogí la tuba y los aplausos cesaron. Era el momento de corresponderles con otra pieza. Un arreglo de un concierto para cello de Vivaldi. Iba a empezar a soplar cuando Ramón me dijo susurrando: “¡presenta la obra!”
Claro, aunque era sólo un bis. Me detuve, tenía que hablar. Mire al público, a mi padre, a mis hermanos, y a mi madre –allí estaba mi madre, feliz-, me levanté con mi tuba. Era sólo una tuba. Estaba sudando. Más nervioso que antes. Me aclaré la voz:
¿Alguien sabe hacer un nudo de corbata?   
sábado, 01 de octubre de 2011
Comentarios
Lucía López
# Lucía López
domingo, 09 de octubre de 2011 14:38
Hola Raul, he leído varias de tus entradas en el blog y me alegra que seas tan valiente y te atrevas con todos los géneros, al final el resultado no deja indiferente a nadie y es motivador para el resto, mi enhorabuena más sincera. Un abrazo.
Lucía López
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