Jordi Caturla González
Alex Ross, crítico musical del New Yorker, ha conseguido lo impensable con “El ruido eterno”: vender masivamente (en España van ya 10 ediciones) un libro que habla sobre la música del siglo XX. Las claves del éxito de este multipremiado y alabado best seller son varias: en primer lugar el impecable estilo narrativo, claro, inteligible para todo el mundo, que sin embargo no renuncia a profundizar conceptualmente ni a emplear tecnicismos. En segundo, su carácter a medio camino entre el ensayo y la novela, que hace que las 800 páginas se lean con verdadera fruición. En tercero, la ausencia total de dogmatismos, colocando a todos los compositores y estilos –incluidos el jazz y el pop- a la misma altura, sin señalar qué camino es más válido; y sin idolatrar a los compositores, de los que muestra su cara más humana. Y en cuarto y último, el valor pedagógico innegable, que pretende sacar del ostracismo a la música “clásica” moderna para acercarla a cualquier persona.
El libro, dividido en tres partes, hace un recorrido que arranca con el estreno de Salomé de Strauss y finaliza con Nixon in China de Adams, dando paso entre medias a un entramado histórico-musical tejido con erudición y gran poder comunicativo. El mensaje subyacente a lo largo del mismo puede resumirse en la frase que Berg pronunció en presencia de Gershwin, mientras éste tocaba vacilante sus obras delante del maestro vienés: “Sr Gershwin, la música es música”. Eso sí, la hay buena y la hay mala; el tiempo dirá.
Si no lo ha comprado ya, corra a la tienda más cercana: estamos ante una obra verdaderamente imprescindible.
sábado, 01 de octubre de 2011