Gonzalo Pérez Chamorro
“En la esperanza que por un mínimo instante él sueñe conmigo”
(Rusalka, Acto 1, “Aria de la luna”)
Desde que Renée Fleming se convirtiera en la ondina que desea ser amada por el humano, la penúltima ópera de Antonín Dvorák, Rusalka (de 1901, Armida es de 1904), se ha visto catapultada hacia los teatros que antes la ignoraban, saliendo del entorno checo donde sí siempre fue tratada con la seriedad y atención que merece una obra tan maravillosa como esta. Hasta la llegada de la portentosa grabación en 1998 (Decca) de la primera Rusalka de Fleming, con Mackerras dirigiendo a la Filarmónica Checa y un maravilloso reparto (Heppner, Zajick, Urbanová y Kusnjer), nos “contentábamos” con la también disfrutable Rusalka de Neumann y Benacková, a la que el paso del tiempo no ha favorecido, especialmente si se compara con la visionaria lectura de Mackerras (existe otra Rusalka “checa” que me parece casi tan buena como la de Neumann, la de Chalabala, más antigua, siendo más reciente la también “checa” de Belohlavek, que ha tomado el testigo de Mackerras como director “oficial” de Rusalka, contando con la ondina de Ana María Martínez).
Desgraciadamente, esta excelente función de la Ópera Nacional de París (2002) no contó con el aun en activo Charles Mackerras, aunque James Conlon no desentona y aporta un matiz menos eslavo (Janácek y los poemas sinfónicos finales basados en Erben) y con una muy buena intensidad wagneriana. Lo excelso de nuevo viene por Fleming, que domina el personaje y que lo ha hecho suyo como en su día hizo la Callas con Medea. Del resto del reparto destaca la Jezibaba de Larissa Diadkova y la Princesa Extranjera de Eva Urbanová, que domina el papel a la perfección. Menos entonado el príncipe de Sergei Larin y con la habitual insulsez Franz Hawlata como Vodník, el duende del agua, que también lo fue con Mackerras, aunque “Charli” extrajo de él algo más que agua...
Junto a Fleming, es verdaderamente un lujo la escena de Robert Carsen, de una elegancia, ingenio y claridad asombrosas, sin caer en la trampa del decorado versus escena, Carsen sabe ser bello sin dejar de que cada elemento tengo una razón clara de por qué se encuentra en el escenario. Deslumbrantes los tres actos, sobresaliendo la eficacia del segundo, de una inventiva muy sugerente.
DVORÁK: Rusalka. Fleming, Diadkova, Hawlata, Larin, Urbanová, Sénéchal. Coro y Orquesta de París. Dir.: James Conlon. Escena: Robert Carsen.
DVD Arthaus, 107031. 2 DVDs
16:9 – DTS – Subtítulos en castellano
sábado, 01 de octubre de 2011