Angel Carrascosa Almazán
Cuántas veces no habré oído decir algo así: ¡Qué lástima que no haya una grabación de la “Heroica” o de la “Appassionata” por el mismo Beethoven, unos Nocturnos de Chopin tocados por él, una Sonata en Si menor de Liszt por Liszt, una Sexta de Mahler dirigida por Mahler...!
Sí, es una lástima, estaría muy bien que las hubiera. Pero a quienes les he oído decir cosas como ésas lo hacen porque les molesta, les intranquiliza que haya interpretaciones tan diferentes de una misma obra, con lo cual no se sabe cómo esas obras eran en realidad, lo que para ellos significa “cómo quería el compositor que sonasen”.
Yo, sin embargo, pienso que los compositores hacían eso, componer, pero que nadie debe darles bula para interpretar, ni siquiera su propia música: su voz sería una más, pero de ningún modo la única. Son dos estadios diferentes y consecutivos, y el compositor (mal que les pese a algunos) dará una versión entre las muchas posibles. Ni siquiera tiene necesariamente que ser un gran intérprete de su propia música, aunque fuese un gran pianista, un gran violinista o un gran director. Y ¿quién dice que su versión es la única posible? Ni siquiera tiene por qué ser la mejor...
Algunos ejemplos: Brahms (que, como se sabe, dirigía sus obras), después de escuchar una interpretación de una de sus sinfonías, le dijo al director: “Sí, también puede ser así”. Bartók exclamó, después de escuchar a Yehudi Menuhin estrenar su Sonata para violín solo: “¡Yo creía que la música no se podía interpretar así [con ese grado de comprensión] hasta cincuenta años después de morir el compositor!” ¡Qué humildad en ambas declaraciones! En el otro extremo, Stravinsky se quejaba de que se permitiese a otros directores hacer otras versiones de su música: las suyas eran las únicas auténticas, defendía. Aparte de estrechez y rigidez de miras, en el fondo de la cuestión había, al parecer, algo tan inconfesable como que no quería que Ansermet o Markevitch (mejores intérpretes, según la mayoría, que el autor) vendieran discos. ¡Que se vendieran sólo los suyos! (como se sabe, Stravinsky era increíblemente avaro). Las únicas interpretaciones auténticas eran las suyas... pero ¡¿cuáles?! Porque algunas de sus obras las grabó más de una vez, y eran apreciablemente diferentes, así que quedó en evidencia: ¡si una era la auténtica, la otra ya no lo era!
Al parecer, Hindemith, que había dirigido muchas veces –y grabado, con la Filarmónica de Berlín– su Sinfonía Matías el pintor, admitió que la interpretación de Furtwängler (con esa misma orquesta, igualmente para D.G.) era superior a la suya propia. ¡Bravo por Hindemith!
Bueno, de aquellas obras que citaba en las primeras líneas no se conocen interpretaciones por sus compositores, pero sí que conocemos muchas de otros músicos de la primera mitad del siglo XX, por ejemplo. Y de compositores que eran eminentes pianistas o directores. ¿Qué ocurre con ellas?
Por favor, amable lector, escuche vd. las Variaciones Enigma de Elgar dirigidas por Elgar (1926). O el Tercer Concierto de Rachmaninov por Rachmaninov (dirigido por Ormandy en 1940). O Vida de héroe de Richard Strauss por Richard Strauss (1940). Aparte de consideraciones subjetivas, ¿qué es lo primero que le llama la atención en esas interpretaciones (además de lo mal que suenan, claro)? Pues que son rapidísimas: la obra de Elgar le dura a Elgar 27’16”, mientras que a los más reconocidos intérpretes de los años 60 hasta hoy les dura 30’45” (Barbirolli, 1963), 31’30” (Menuhin, 1986), 32’40” (Rattle, 1994), 34’30” (Sinopoli, 1990) o 38’ (Bernstein, 1982).
Veamos qué ocurre con el Concierto No. 3 de Rachmaninov: 34’05” al autor, 45’51” a Ashkenazy/Previn (1972), 46’07” a Ashkenazy/Ormandy (1975, ¡el mismo director que con el compositor!), 45’40” a Gavrilov/Muti (1987) o 44’15” a Kissin/Ozawa (1993).
Y en cuanto a Vida de héroe: 39’30” a Strauss, 42’50” a Krauss (1952), 45’22” a Karajan (1975), 44’50” a Böhm (1977), 46’47” a Karajan en 1983, 47’04” a Barenboim (1991), 48’20” a Sinopoli (1992), 47’06” a Thielemann (2003) o 47’24” a Rattle (2005).
El dato objetivo, pues, es que al menos en los años 20, 30 y 40 del pasado siglo se dirigía y se tocaba mucho más deprisa de lo que es costumbre desde los 60 hasta hoy. Y no sólo esos tres compositores interpretando su música: algunas grabaciones apenas posteriores eran casi tan rápidas como aquéllas (el Concierto de Rachmaninov de Gilels/Cluytens, de 1955, dura 38’27”; Vida de héroe por Toscanini 41’55” y por Mengelberg, 42’22”, ambas de 1941).
Nuestra percepción del tempo, evidentemente, ha cambiado mucho en menos de medio siglo. Pero más aún han cambiado otros gustos, digamos nuestra sensibilidad musical con respecto a la de 30, 40 o 50 años atrás. Hoy, y ya en los años 1960, dicho simple y llanamente, no toleraríamos en un concierto esas tres interpretaciones de los propios compositores, serían impensables y por completo inadmisibles. No estoy exagerando: los portamentos menudean y son insufribles, las secciones digamos líricas son blandas, sentimentalonas, edulcoradas hasta el empalago. Rachmaninov toca con enorme insipidez uno de los temas más gloriosos de la historia de los conciertos para piano, el que da comienzo a su Tercero: es más asombroso aún en quien era un intérprete admirable y avanzado de Chopin.
En resumen: cada época tiene una forma de ver la música, sea contemporánea o anterior, y sería una actitud contra natura copiar, imitar la forma de interpretar la de otra época, aunque lleve la firma del compositor.
Nadie imita hoy, 70 u 80 años después, a Strauss, a Elgar o a Rachmaninov, y eso que disponemos de documentos de ellos mismos. Sin embargo, hay quienes se empeñan en que la música barroca o del período clásico hay que interpretarla de forma original (auténtica se atreven a llamarla a veces), como se hacía hace 250 o 300 años. Y eso que no se conoce con exactitud, ni se podrá conocer nunca, cómo se hacía. Y encima descalifican de plano a otros intérpretes que se acercan a esas músicas con talento, musicalidad, conocimiento y humildad. ¡Qué tremenda soberbia! ¡¿Por qué?! ¿Podría alguien explicármelo?...
lunes, 01 de junio de 2009