Francisco Villalba Talavera
Y llegó Mortier.
Sexta entrega y última... por ahora.
El público de un Tannhauser anunciado como una representación normal pero que fue ofrecido en versión semi escénica en la Bastille recibió el mensaje de que no les sería reembolsada ninguna diferencia en el precio de las localidades por haberse tratado de un espectáculo con cualidades musicales excepcionales.
Es evidente que Mortier no ha sido la persona idónea para prestar un servicio público. Rey de la comunicación y del politiqueo confiaba en que las musas resolverían todos sus problemas. Según su costumbre habitual ha jugado a la provocación, sobre todo con la prensa extranjera. Así en Die Welt de 17 de abril de 2005 afirmo: “Francia es un país increíblemente conservador”. Y añadió la “prensa francesa no tiene una sección cultural digna de tal nombre”. En fin dirigía el primer teatro de ópera de un país con la sociedad en crisis, periodistas incompetentes y un público reaccionario.
Juró que no programaría a Puccin por razones económicas, pero sobre todo por que este compositor tenía una retórica manipuladora comparable a la de Mussolini.
Denunció el hedonismo de los aficionados a la ópera y que para combatirlo se proponía renovar la conciencia política del público.
Algunos comentarios sobre Mortier vertidos por Jean Louis Validire en Le Figaro 4 del Marzo de 2008:
El director de la Ópera no soporta las críticas y profesa un desprecio absoluto por el público y los periodistas que no comparten su pasión por las puestas en escena audaces. Al primero le califica de retrogrado y poco curioso, a los segundos de nulidades incompetentes.
“Los vendedores de tubos de neón y de accesorios de cuarto de baño, elementos que constituyen la base de sus puestas en escena, están de enhorabuena”
“La ópera existe para cambiar la sociedad” (G. Mortier)
Solamente le defienden algunas revistas progresistas como Les Inkoruptibles
Marthaler y Warlikowski serán las estrellas de los dos últimos años de Mortier en la Ópera de París (y me temo que en el teatro real)
Algunos comentarios sobre Sylvain Cambreling, su director favorito, que también “disfrutaremos” en Madrid:
Brazo pesado pero batuta floja (Télérama).
Un metrónomo (Le Figaroscope)
Seco, plano y sin alma (L’Express)
Controlado y crispado (Le Figaro)
Respira mal, frasea mal y acentúa mal (Le Monde)
En pocas palabras una “decepción”(Les Échos)
Sylvain Cambreling no está a la altura de su cargo (La Tribune).
El público ha mostrado su descontento con la gestión de Mortier con broncas noche tras noche, no solo por las puestas en escena, sino también y de forma ostensible por el director de orquesta. A pesar de esto Mortier ha intentado que el público acepte a Cambreling, sobre todo en el repertorio mozatiano, tal como ya había hecho en Salzburgo en contra de la opinión de la Firlamónica de Viena. Esto aunque en la Ópera de la Bastilla se escuchase durante una representación de La clemenza di Tito que el público gritaba: Cambreling a Bruselas y que en unas Bodas de Figaro, la orquesta abandonase el foso antes de recibir los aplausos, mostrando así su rechazo al director con el que se negaron a reponer la obra.
Mortier propuso el siguiente equipo de directores musicales para hacerse cargo de la Ópera de París: Dohnanyi, Salonen, Nagano, Jurowski, Minkowski, Cambreling y Gergiev. Dos temporadas mas tarde todos habían desertado a excepción de los dos últimos. A las bajas las reemplazo con Kuhn, Gardiner y Belohlávek.
En resumen, esperemos que en el Teatro Real, Mortier, “el rayo que no ceja”, haya perdido algo de su prepotencia y merced a su enorme inteligencia, que la tiene, nos ofrezca unas temporadas que sean acontecimientos artísticos de primera, sin necesidad de recurrir al escándalo para que se hable de ellas (de él), aunque esta característica de Mortier es la más apreciada por un sector papanata de la prensa que siempre esta dispuesto a incensarle con sus alabanzas haga lo que haga.
viernes, 01 de mayo de 2009