Angel Carrascosa Almazán
En su número del pasado diciembre de 2008, la revista británica “Gramophone” publicaba un ranking de las mejores orquestas del mundo. El resultado fue bastante chocante. Pero, escrutando quiénes habían sido los votantes, sus procedencias, la cosa, la verdad, chocaba menos: tres británicos (los tres de la propia revista), dos estadounidenses, un francés, un austríaco, un alemán, un holandés, un chino y un coreano.
Ha quedado meridianamente claro que el chauvinismo está a la orden del día también entre los críticos musicales. Es seguro que, de no haber habido una sobrerrepresentación del Reino Unido, la Sinfónica de Londres no habría salido entre las diez primeras, y sin embargo obtuvo el 4º puesto, por delante de todas las grandes formaciones norteamericanas.
Es, por decirlo con suavidad, sorprendente que no hubiera ningún crítico italiano, ni español, ni japonés, ni nórdico o ruso, etc... Parece, en fin, poco serio que una revista tan conocida y prestigiosa como “Gramophone” (por más que, desde el interior de la industria discográfica sea vox populi que es más un escaparate de las novedades que una revista de críticas verdaderamente independientes) haya hecho una selección de críticos tan poco representativa. Las conclusiones de éstos habrían de ser, sin duda, poco fiables.
Examinemos éstas brevemente: todo buen aficionado a la música sabe que la Concertgebouw de Ámsterdam es una de las mejores orquestas de Europa, quizá la tercera tras las Filarmónicas de Berlín y Viena, pero que figure como la número uno del mundo entero no deja de ser sino producto de una cierta pedantería, pues las elecciones más obvias son la Filarmónica de Berlín en Europa y la Sinfónica de Chicago en América, pero estas opciones –habrán decidido ciertos críticos– son demasiado poco originales o distinguidas: los propios holandeses habrán sido sorprendidos por el resultado.
Nada que objetar a los primerísimos puestos para las Filarmónicas de Berlín y Viena (2º y 3º), que podrían también haberse intercambiado sin escándalo. Sí es objetable que la Sinfónica de Chicago, acaso la orquesta más perfecta del mundo, esté en el 5º lugar, e indefendible que la de Londres esté por delante, en el 4º: la de Chicago no ha dejado de ser, desde que en 1969 llegara Sir Georg Solti a su titularidad (e incluso antes, durante los últimos años de Fritz Reiner), si no la number one, una de las tres primeras (junto a Viena y Berlín).
De la 6ª en adelante también encuentro elecciones un tanto extrañas: no aparecen entre las veinte escogidas la Orquesta de Filadelfia, la Orquesta de París, ni la Philharmonia londinense, ni la Staatskapelle de Berlín, ni la Filarmónica de Múnich, que merecerían –yo creo– figurar entre ellas. En cambio, no parece muy claro que merezcan estar la del Festival de Budapest (¡9º puesto!), la del Teatro Mariinsky, la Nacional Rusa, la del Metropolitan de Nueva York, la Saito Kinen y la Filarmónica Checa.
En fin, que sólo once críticos no parecen suficientes, y menos aún de una procedencia geográfica de distribución tan extraña. Porque parece claro que varios de los once han votado más en función de su nacionalidad que de consideraciones puramente musicales.
viernes, 01 de mayo de 2009