Francisco Villalba Talavera
Iré incluyendo en esta sección algunos artículos aparecidos en la prensa francesa comentando la gestión de Gérard Mortier al frente de la Ópera de París.
Una cosa positiva de las temporadas de ópera de Gérard Mortier es que siempre ofrecen títulos que se salen de la rutina.
Menos afortunada sin embargo ha sido su gestión financiera que deja a la Ópera de París con un tremendo déficit.
Otras facetas menos positivas de su dirección han sido:
- Su política de precios de las localidades que en 5 años ha incrementado en una media del 20%,
- Los elevados honorarios que paga a los directores de escena
- Su escaso interés por el repertorio barroco. Aunque esto se justifique en París que cuenta con el Teatro de los Campos Elíseos especializado en ese repertorio.
- Su censura arbitraria a ciertos cantantes y a ciertas obras según sus gustos.
Ha pretendido democratizar el repertorio y en una misma temporada se han escuchado en la Ópera, una obra de Hindemith, 2 de Janacek, otra de Sciarrino y otra más de Prokofiev, pero nada de Bellini ni de Rossini. A mucha gente entendida le gusta el repertorio del siglo XX, pero esto es justo lo contrario de lo que les ocurre a los que se están iniciando en ella y que según Mortier son los que le interesan.
Efectivamente, el público medio va a la ópera sobre todo para escuchar la Bohème y es una obligación de todo director de ópera ofrecer cosas nuevas a su público, pero Gérard Mortier escoge las obras según sus gustos y justifica el ofrecerlas en montajes de vanguardia diciendo que así las acerca más al público y le provoca. Pretensión esta bastante ridícula ya que la mayoría del público de la ópera pertenece a una burguesía habituada a las vanguardias artísticas de todo tipo, tanto en pintura, como en escultura, teatro etc. Además nadie de este grupo criticará esas propuestas del Sr. Mortier para no parecer reaccionarios y porque no les dicen nada. Sin embargo hay que reconocer que tanto él como su predecesor, Hugues Gall han situado a la Ópera de París entre los mejores teatros de ópera del mundo cuando a mediados de los años 80 tanto los cantantes estrella como los directores de orquesta lo consideraban una escena de segunda .
Gerard Mortier comienza este año su última temporada al frente de la Ópera de Paris y creo que el balance de su gestión es decepcionante
De las 23 personas pertenecientes al comité de dirección del teatro cuando se hizo cargo del teatro, en la actualidad solo han sobrevivido 10, el resto han sido sustituidos por los llamados “Mortier boys” jóvenes en su mayoría extranjeros conocidos por su inexperiencia y su absoluta adhesion al jefe.
Mortier ha querido transformar la Ópera de Paris de un teatro de repertorio en un festival constante para conquistar al público más joven.
Ha rechazado contratar “divas” de la anterior gestión tan notables Mattila y Fleming que Mortier ha manifestado que no le gustan y las ha sustituido por mediocridades vocales como Angela Denoke o Christine Schäfer.
Su preferencia por la ópera del siglo XX efectivamente ha renovado parte del público, pero también ha expulsado a muchos de los habituales.
Durante su reinado ha escuchado a todo el mundo, ha consultado a todo el mundo, ha hecho promesas a todo el mundo, pero después las decisiones las toma sin consultar a nadie.
Le encantan las relaciones sociales y tiene pasión por convencer.
Es incapaz de delegar y le gusta controlar todo.
Para evitar cualquier tipo de conflicto con los trabajadores del teatro ha cedido siempre a sus reivindicaciones siguiendo dos principios: “El último que habla siempre tiene la razón” y “Después de mí el diluvio” ¿Hipocresía o habilidad?
Es capaz de abrazar a un colaborador y al día siguiente ponerle de patitas en la calle. Mortier es un humanista que ha leído en profundidad a Maquiavelo.
En el estreno de La Judía el 16 de Febrero de 2007 hubo huelga de los encargados de la luminotécnia y el Sr. Mortier no advirtió al público de este punto, tampoco lo hizo a la prensa, ni nacional ni extranjera...
Su enemistad con su sucesor, Nicolas Joel, se hizo patente cuando propuso que al finalizar su mandato se acometiesen obras de renovación en el Teatro de la Bastilla, perjudicando así gravemente la programación del primer año de su sucesor. Menos mal que nadie le ha prestado atención
Bertrand Dermoncourt
(Continuará)
miércoles, 01 de abril de 2009