La musicología no parece tenerlas todas consigo cuando se refiere a Cage y su obra. ¿Cage, músico? ¿No habíamos quedado desde que el mundo es mundo –se pregunta frunciendo el ceño– en que compositor es aquel que interviene sobre los sonidos indagando y especulando con las relaciones entre ellos? Y razón no le falta, porque si ha habido alguien en la historia que se ha negado en rotundo a intervenir sobre los sonidos y a relacionarlos unos con otros hasta hacer de tal postura toda una poética, la razón misma de ser de su arte y hasta una actitud frente al mundo, ése sería Cage, John Cage. ¿Un anti-compositor, entonces?
Musicólogos, críticos, musicógrafos y otras gentes de la teoría suelen optar pues por decir algo así como “más que músico, es un filósofo”, intentando disimular a duras penas su intención de trasladar el embolado de ubicarle o definirle a otro campo de acción. Se lavan las manos y respiran hondo con alivio como diciendo “¿no son filósofos?, pues que inventen ellos”. Pero la filosofía, cuando recoge el guante –cosa que raramente hace, ocupada siempre en más graves menesteres–, se siente en el mismo aprieto y acaba proclamando a su vez con solemne movimiento de mostacho: “más que filósofo, Cage es...”
¿Qué demonios es Cage? Porque parece estar claro, en efecto, que no es un músico en el sentido en que puedan serlo todos los demás, al menos a partir de cierto momento de su carrera, que es el que más ha interesado a la posteridad. Pero tampoco es un filósofo, igualmente en el sentido en que puedan serlo los demás. Los músicos entienden muy bien que todo aquel que maneja sonidos no es necesariamente uno de los suyos, y los filósofos por su parte se arrogan el mismo derecho para decidir que todo aquel que especula con ideas y conceptos tampoco ha de ser forzosamente un filósofo. Y las suyas, las ideas y conceptos de Cage, suelen ser además –no hace falta ser un lince para percatarse de ello– de una ingenuidad quasi infantil. ¿Quién le define entonces? ¿Quién le pone el cascabel a Cage?
¡Cómo tiene que estar retorciéndose de risa en la sepultura el jodío!
Carlos Villasol
miércoles, 01 de abril de 2009