Francisco Villalba Talavera
Corre el rumor por los mentideros de que Dudamel podría tomar las riendas de la dirección musical, nada más y nada menos de la Scala de Milán. Es indudable que el director venezonalo tiene un enorme tirón mediático y es una toda una personalidad. Sus conciertos levantan oleadas de pasión y emoción, la tremenda energía que derrocha este joven director es de tal calibre que nadie puede sustraerse a su hechizo, pero de esto a nombrarle director musical de una institución tan emblemática como el coliseo italiano me parece que hay un abismo.
Me parece un tanto osado que se convierta en el sucesor de Abbado, Mutti y últimamente, aunque no es titular del teatro, Daniel Barenboim. Dudamel creo que solamente dirige cuatro operas Carmen, Don Giovanni, Elisir y Bohème, por lo que me parece una locura que se le pueda proponer para un cargo en el que tendrá que medirse con directores curtidísimos en los escenarios y del calibre musical y artístico de los en principio mencionados.
Considero que con este golpe de efecto Lissner, el actual Director General y Director Artístico de la Scala, lo que busca es publicidad a costa de lo que sea y, como otros directores artísticos de tantos teatros del orbe, que se hable de la institución que encabeza a cualquier precio y eso es una política muy peligrosa que puede dañar seriamente el prestigio artístico del buque insignia de la ópera en Italia.
El único y esencial impedimento que parece encontrarse en la materialización del proyecto es monetario ya que el representante de Dudamel, uno de los más exigentes del mundo de la música, pide tales emolumentos para su representado que en estos tiempos de crisis no creo que la opinión pública se mostrase favorable a tamaña locura, sobre todo cuando en Italia cuentan con excelentes directores orquestales, quizá no tan famosos, pero mucho más expertos en el mundo de la ópera y mucho menos costosos.
viernes, 01 de julio de 2011