Fernando López Vargas Machuca
La respuesta al título de esta entrada me parece, con todos los matices que se quiera, bastante clara: un sí rotundo. Tal vez tengan ustedes algún caso en mente. Yo les voy a poner un ejemplo reciente. Hace un par de años, el Palau de Les Arts había llegado a un acuerdo con Riccardo Chailly para suceder a Lorin Maazel. Aunque nada era oficial, todo estaba perfectamente planificado. Pero un “topo” escondido en las oficinas de Helga Schmidt, no sé muy bien con qué intenciones, filtró a Las provincias el contrato que pocos días más tarde, al tiempo que se presentaba frente a la Orquesta de la Comunitat Valenciana con el Stabat Mater de Rossini, iba a firmar el milanés. Chailly montó en cólera, cancelando concierto y firma. Más tarde el referido diario manipuló los datos de la manera más desvergonzada para disimular su responsabilidad, pero el daño ya estaba hecho. El resto de la historia es conocida: Maazel ha seguido un par de temporadas más, incluyendo algunas cancelaciones más que sonadas, y en este preciso momento el joven maestro israelí Omer Wellber se dispone a tomar la dirección musical de Les Arts.
Se me ocurre otro ejemplo en mi tierra andaluza. En la época en que José Luis Castro sujetaba las riendas del teatro, el Maestranza conoció visitas de Plácido Domingo en calidad de tenor y de director. El acuerdo era evidente: vosotros me llamáis para dirigir algún título y contratáis a gente de mi círculo para determinadas cosas (ahora recuerdo la floja Traviata dirigida escénicamente por su esposa), y a cambio yo os canto algunas óperas. Había una interesante lista de títulos apalabrada, pero el asunto duró poco. Todos supimos por aquel entonces que, independientemente del elevado caché del artista madrileño, Domingo estaba harto del tratamiento de la prensa sevillana, que combinaba reproches más o menos merecidos con ataques virulentos del tipo “tenor en decadencia viene a saquear las arcas andaluzas”. Y no crean que me baso en suposiciones: el pasado abril el propio Castro confirmó en una entrevista realizada por ABC que este fue el motivo de que Domingo cancelara sus actuaciones en el teatro hispalense (“me confesó muy dolido que eso no le había pasado ni en Viena, y por eso ya no quiso volver a Sevilla.”). Paradójicamente, una de las firmas entonces más combativas contra el artista ha pasado hoy a desempeñar un relevante cargo en un no menos importante centro lírico español, y como tal no deja de contar con los servicios de Domingo cantando y a la batuta. Vivir para ver.
Sin salir de Sevilla, ciudad particularmente cruel con quienes vienen de fuera (no hay más que ver el duro trato que han ido recibiendo los sucesivos titulares de la Orquesta Sinfónica: Sutej, Weise, Lombard y Halffter), en los últimos tiempos se está viviendo -no es la primera vez que lo aviso en Forumclásico- una auténtica conjura para acabar con la presencia de la West-Eastern Divan Orchestra y Daniel Barenboim. A algunos críticos se le han leído descalificaciones globales a su Beethoven (¡arrea!) que incluyen un destrozo en toda regla del soberbio Fidelio que ofreció el de Buenos Aires con un elenco de lujo en el Maestranza. Otros han pedido directamente, con no poca virulencia, que Barenboim se largue de una vez. Los de más allá juegan con las cifras para señalar agravios comparativos de la Junta con respecto a teatros y orquestas andaluzas. Y el Partido Popular ha prometido que en cuanto llegue al poder en la comunidad autónoma (quedan pocos meses para las elecciones), suprimirá sin contemplaciones la Fundación Barenboim-Said.
Como todo ello no parece bastarles, se ha establecido en los últimos tiempos un pacto de silencio. Ni un solo medio hispalense cubrió el excepcional concierto del verano pasado en la Mezquita de Córdoba con las sinfonías Sexta y Séptima de Beethoven. ¿Excesiva distancia? Cuando la Orquesta Barroca de Sevilla (esta sí, netamente sevillana) se ha desplazado a Cuenca o a Francia, varios críticos han viajado con ella. Y los faxes que envían Universal Music y la Fundación Barenboim-Said no son recogidos por apenas ningún medio. Tal cosa ocurrió cuando se anunciaron el contrato de Barenboim con Deutsche Grammophon y Decca y la gira del pasado mayo por lugares como la Musikverein, la Philharmonie de Berlín o la Scala. Y acaba de ocurrir en el momento en que escribo estas líneas con el anuncio de los conciertos de la WEDO en Ronda y en el Maestranza y de la venta de entradas para los mismos: ya se sabe, cuanto menos gente vaya, mejor que mejor. Bueno, un medio (El Correo de Andalucía) sí ha recogido la noticia, pero lo ha hecho para soltar unos cuantos pildorazos con la intención de descalificar a Barenboim.
Dentro de unos meses nos encontraremos ante un proyecto, como los otros arriba referidos, muerto y enterrado por obra y gracia de una prensa musical cuya mala baba solo es comparable a su poder de manipulación.
viernes, 01 de julio de 2011