Gonzalo Pérez Chamorro
Ahora que el DVD nos permite ver lo que imaginábamos, comprobamos que la relación que mantuvo Leonard Bernstein con la Filarmónica de Viena, especialmente desde finales de la década de los setenta hasta su muerte en 1990, fue la de dos amantes que se encuentran en el momento en que uno más necesita al otro y cuando ya saben que no podrán más que compartir algunos selectos momentos, no el resto de sus vidas. Las imágenes nos muestran a un Bernstein abrazando, besando y acariciando a sus músicos tras las actuaciones, en algunas de ellas con lágrimas en los ojos. Son estas las reacciones que uno esperaba cuando escuchaba estos discos sin poder verlos. Pero ahora, que la imagen amplía el placer, estamos recibiendo todos estos documentos y somos nosotros los que abrazamos, besamos y lloramos viendo estas joyas irrepetibles, probablemente algunos de los hitos más altos de la historia de lo fonografía, lo que ya es mucho.
Hablaba el mes pasado de la relación de Celibidache con la Filarmónica de Munich, en cierto modo parecida a esta, con la diferencia que el rumano sí fue el principal director de los muniqueses hasta su muerte, en el glorioso último periodo de su vida. Aquel artículo me ha llevado a este, a lanzar de nuevo la misma pregunta, sobre qué es lo que os llevaríais a una isla desierta de Bernstein con Viena. Yo, tras no mucho pensar, creo que sería su Sibelius, que precisamente aún no ha salido en DVD, pero que sin esfuerzo ya imagino todas las imágenes y todas las miradas de Lenny con sus músicos.
domingo, 01 de febrero de 2009