Gonzalo Pérez Chamorro
En un precioso documental que editó en su día en láser-disc Teldec (“You don’t do anything… you just let it evolve”, dirigido por Jan Schmidt-Garre, 1992) y emitido en televisiones europeas, obviamente no en España, no vaya a ser que de la noche a la mañana los espectadores se vuelvan “cultos” y piensen, Sergiu Celibidache (1912-1996), en su etapa con la Filarmónica de Munich (1979-1996), afirmaba que toda interpretación musical debe perseguir la búsqueda de la belleza.
El anciano maestro, con un aspecto físico interesantísimo, con abundante pelo blanco peinado hacia atrás, se sabía que su sola imagen era magnética y que su presencia dejaba sin habla y paralizado de miedo a cualquier músico que ensayara o tocara junto a él.
En su etapa muniquesa los solistas vocales se las veían con Celi, que les exigía un algo más que cantar muy bien, como se demuestra en el recién reeditado DVD con los ensayos de la Misa en fa menor de Bruckner (Arthaus), en los que una excelsa Margaret Price es la única que se salva de la mirada inclemente del maestro. Es curioso que los solistas instrumentales prácticamente desaparecieran de sus conciertos, con lo que evitaba desilusiones y desencuentros, si exceptuamos la colaboración con Barenboim, que lo consideraba el pianista-músico ideal para los Conciertos para piano de Brahms, Schumann y Tchaikovsky, nada menos (estos documentos dejan sin habla a quien no los conocía, especialmente si los ve además de oírlos: lamentablemente siguen en láser-disc).
Para acercarse al Celibidache de Munich, el oyente debe de haber trabajado la obra anteriormente, pues se aprecia con mayor claridad el maravilloso poder hechizante de sus interpretaciones. Desde la Misa en si menor de Bach al Concierto para orquesta de Bartók, son mil detalles los que hacen irrepetibles sus interpretaciones, se pueda estar de acuerdo o no con detalles tan importantes como el tempo (generalmente más lento, excepto en Brahms, cosa curiosa) o los acentos, que en Beethoven cobran una importancia vital.
Son por suerte bastantes los testimonios de su etapa con Munich, casi todos para EMI (hay algo en un sello bastante extraño, llamado Altus). Yo les lanzo la proposición, si comparten este mismo amor, que me cuenten cuál es su disco o su obra en los que Celibidache les deja sin palabras, probablemente porque haya encontrado la forma de llegar a la más pura belleza.
jueves, 01 de enero de 2009