Angel Carrascosa Almazán
Si no cambian las cosas, la piratería puede acabar con la industria discográfica. Parece que hay aficionados a la música que tienen a gala copiarlo todo; a veces dan ganas de pensar que lo hacen para demostrar a los demás lo listos y hábiles que son. Porque se podría entender que personas de bajo poder adquisitivo que tengan grandes apetencias musicales copien muchos CDs y DVDs, pero es que no se limita a ellos: todos conocemos a melómanos que pueden fácilmente permitirse la compra de unos cuantos CDs y DVDs cada mes, pero que apenas lo hacen. Más de una vez me he negado a prestarles discos para que se los copien: ¡que se los compren, diantres!
Se puede comprender que uno se copie lo que le es muy difícil de encontrar y que le interesa mucho. Pero esa práctica puede afectar a un porcentaje de cosas bastante bajo, en general. Sin embargo hay personas que copian y copian compulsivamente, mucho más de lo que les da tiempo a escuchar y ver.
La industria del disco ha tenido, y tiene, mucha culpa de esta situación, porque -como ha ocurrido con el capitalismo salvaje y desregulado, sobre todo durante el largo desgobierno de Bush hijo- “la avaricia ha roto el saco”. Los precios han sido demasiado altos, ha abundado mucho la cara dura (¡DVDs de tres cuartos de hora de duración!) y, además, las mismas compañías que venden discos grabados han puesto a la venta los discos vírgenes para que podamos grabar música e imágenes en ellos.
Quienes amamos la música y disfrutamos tanto con las grandes interpretaciones que nos brinda deberíamos pensar que, si esto sigue así, las compañías discográficas van a dejar de grabar casi por completo. ¡No hay más que fijarse en la discografía de una ópera! La mayor parte de las grabaciones se hicieron en los años 50, 60, 70, 80… y poco más; desde entonces se van distanciando cada vez más en las listas por orden cronológico: algunos de los más grandes intérpretes actuales no va a haber forma de conocerlos si no es yendo a escucharlos en directo. ¡Esto es una pérdida cultural tremenda! Al mismo tiempo, continúan inéditas en DVD las grabaciones “oficiales” de Celibidache en sus últimos años para Sony y Teldec, las únicas suyas que ofrecen una calidad de imagen y sonido excepcional. ¡Es de esperar que alguna vez sean editadas comercialmente, antes de que sea demasiado tarde! Televisiones extranjeras especializadas en arte y cultura ofrecen, a cambio, retransmisiones de eventos importantes o interesantes, pero las grabaciones que podemos hacer de ellas en DVD grabable no ofrecen, casi nunca, una calidad que satisfaga al melómano exigente.
Algunas compañías continúan en la brecha con ediciones de CDs y DVDs muy bonitos y bien presentados, con los textos cantados, etc.: copiarse estos discos es una gran pérdida ¿vas a fotocopiarte malamente las portadas y los textos? Pero estos aficionados a la música que valoran mucho estos productos bien presentados no son muchos: ¿cuánto podrán aguantar las discográficas fabricando discos así? Corremos seriamente el riesgo de que se dediquen sólo a los casi siempre dudosos “best sellers”, esos discos pensados para vender miles y miles de copias y que rara vez agradarán al melómano exigente.
jueves, 13 de noviembre de 2008