Raul Mallavibarrena
Más víctima de los pensamientos propios que de los ajenos, vive este humilde aprendiz de no se sabe muy bien qué, en las inciertas antesalas del año que la estadística ha venido a llamar “el ecuador”. Comencé a ganar piezas al espacio en el 1970 de nuestra era. Lo hice en Oviedo, ciudad de La Regenta, San Miguel de Lillo o la Revolución del 34, aunque poco o ningún eco de todo eso pude advertir en el tiempo que allí estuve (yo era muy niño). La curiosidad y la dispersión zarandearon mi aprendizaje desde siempre, aun cuando mi familia supo felizmente enderezarme por el recto camino de los estudios. Crecí en paralelo con la democracia, el destape, la televisión en color, el video y la informática, y más tarde, cuando, tras el indiscriminado optimismo de los 80, los jóvenes nos sumergimos en la caverna del desengaño, los sociólogos, en connivencia con los “mass media”, nos llamaron “Generación X”.
Desde que tengo memoria observé el futuro con ilusión decreciente, y, como tantos otros niños, también soñé con ser futbolista (y no lo fui). Antes de eso me imaginé de arquitecto, de químico, de dibujante… y después quise ser –casi- lo que soy. Observo el mundo con el cristal rayado de los escépticos y creo firmemente que “la verdad” es, a fin de cuentas, una cuestión de mayorías. Prefiero al malo que al tonto, al listillo que al ingenuo, al realista incómodo que al soñador educado, pero envidio con frecuencia a aquellos del “vaso medio lleno” (aunque sólo en eso).
Me gusta instruirme en la Historia -la de todos-, dejándome engañar por la mitología interesada que la corroe (se trata de un género literario más). Me gusta que los libros me cuenten lo que no se puede ver y que el cine me muestre lo que nadie acertó a escribir. Admiro la proporción clásica pero el asombro, el más paralizante, me lo produce el Gótico. Respecto a mis vicios, muchos son, y entre los más inconfesables uno: la Música.
Un libro: “El túnel”, un cuadro: “El grito”, un poema: “Los heraldos negros”, una película: “Quiz show”. Mañana serían otros (o no). Y con respecto a los sonidos que me han modificado de algún modo, tiempo habrá de ir deshojando la margarita ante quien corresponda.
jueves, 13 de noviembre de 2008