Jorge Binaghi
Hace unos meses me referí a las calles de París…Veamos un poco ahora los teatros, públicos y privados. En uno de estos puede ocurrir lo siguiente: se solicita acreditación para uno o diversos medios en vista de un concierto de canto, el teatro remite a la producción –una especie de monopolio de los conciertos líricos en Francia-, la producción dice que hay todavía billetes por vender, y así llega y pasa el momento del concierto.
En la esfera pública, las huelgas contra las diferentes medidas del gobierno afectan a una parte de la orquesta y los técnicos por lo que se cancela –el mismo día o apenas 24 hs antes- una función entre discusiones de público e intérpretes sobre el sentido que la medida puede o debe tener. Por su lado, algunos críticos progresistas a los que parece que la crisis económica no les interesa cargan contra los espectáculos de la Opéra, seguramente nostálgicos de la gestión anterior. Así, una excelente producción del Buque fantasma de Willy Decker (a quien no se podrá acusar de tradicionalista), estrenada con alabanza hace diez años en la época Gall y repuesta luego por la –entonces- denostada gestión anterior, a algunos les parece pasada de moda (se ve que gastar dinero público en nuevas producciones –en efecto esta temporada hay bastantes reposiciones, como cualquier persona sensata vería lógico- es signo de vanguardia artística, en todo caso mucho más que en el aspecto musical, que también se cargan con diversos parámetros y diversa razón). Como es sabido, París es siempre París.
viernes, 01 de octubre de 2010