Blogs / Foros

NOTA:
Comentarios sólo Socios del Club.
Inscríbase, es gratis.

Autores blogs
Últimas entradas

Quid pro quo

Raul Mallavibarrena

Tardó en decidirse pero al final se lo planteó abiertamente, aprovechando la euforia juvenil de una tarde de viernes: quiero ser pianista y preciso de tu ayuda, le dijo sin adornos; creo que los dos nos debemos mucho el uno al otro y ésta es una de las cosas que puedo pedirte. El hermano quedó silencioso, tratando de asimilar el alcance de la solicitud. Sabía que en algún momento llegarías a pedirme algo así, le respondió sereno; aunque los dos hemos hecho de la música algo nuestro desde que éramos niños, tú has sido siempre el más ambicioso; supongo que va en tu registro de tenor recién adquirido; a mí ya me ves, la naturaleza parece anunciarme después de cada gallo que suelto que mi voz será la de un barítono sin demasiados graves; acabamos de cumplir quince años y debemos contemplar nuestro futuro con responsabilidad; la verdad es que esperaba que te decidieras por el canto, pero ya veo que no. Todo era cierto. Nacieron el mismo día y vieron juntos la misma luz, lloraron por vez primera como si lo hicieran en canon y los padres supieron desde el primer instante que sus hijos estaban dotados para seguir a las musas. Entonaban magníficamente y sus voces aflautadas se mezclaban como la de dos pajarillos. Emocionaban por su talento y causaban admiración por la infrecuente rapidez con la que asimilaron los laberintos del solfeo y la armonía. ¿Es eso un sí?, se precipitó a preguntar el impaciente solicitante. No es ni un sí ni un no, es una reflexión que me llevo haciendo desde hace algún tiempo, contestó el hermano; dame un día para pensarlo y mañana te daré una respuesta, te lo prometo.

Aquella noche apenas durmieron. El uno, sintiéndose culpable de presionar así a la persona a la que más quería, casi obligándole a dibujar con él su porvenir, el otro meditando los términos de su pacto, que no era sino el más inverosímil y extraordinario convenio que jamás se hubiese planteado a un músico. Adelante con el piano, si es ése el instrumento que más te gusta, empecemos cuanto antes. Y el hermano sonrió con lágrimas en los ojos, reconociendo el sacrificio de quien llevaba su misma sangre. Pero tú deberás también hacer algo por mí. Es lo justo, respondió, ¿de qué se trata? Yo tocaré el violín. No puedes hacerme eso, el día sólo tiene veinticuatro horas, dos instrumentos es demasiada dedicación. Pero sólo se vive una vez, y nosotros, querido hermano mío, podemos estudiar más tiempo que nadie.

Los padres asumieron el reto con la misma ilusión que ellos. Las clases comenzaron enseguida y el esfuerzo y el interés por superar cada obstáculo daba sus frutos semana a semana. Las escalas, los arpegios, los ataques, todo el potencial de dos adolescentes concentrado en dominar instrumentos tan nobles. Antes de cumplir los veinte, comenzaron los conciertos, los aplausos, los viajes, el reconocimiento de la crítica, y una carrera en ascenso. Como una pareja de baile, los dos hermanos ocupaban portadas y afiches. De ellos se alababa su destreza, su claridad en las polifonías, su personalidad, pero sobre todo su complicidad. Se nota que han aprendido con los mismos maestros, se oía en los intermedios de teatros y auditorios. Por fin, su bautismo de fuego, la Musikverein de Viena, lo más alto, el sueño para cualquier solista. El programa albergaba una Partita de violín de Bach, la obligada Chacona en re menor, una selección de caprichos de Paganini, tres nocturnos de Chopin y la contundente Sonata en si menor de Liszt. Minutos antes de salir al escenario recibieron una llamada. Buenas tardes Dr. Estévez ¿cómo está?, en quince minutos salimos a tocar... Sí, ya recibimos su mail el mes pasado, es muy amable y quiero que sepa cuanto le agradecemos todo... sé que la ciencia actual ofrece una oportunidad única, lo entiendo, pero debemos decir que no... ¿qué sería de nosotros? nuestro camino fue trazado hace años, ganó la música, y ganamos los dos, al menos por ahora... gracias por todo Dr. Estévez, su trabajo y el de su equipo es admirable, gracias de verdad.

La sala estaba abarrotada, televisión y radio, y la audiencia más selecta. Si lo que iba a escucharse esa noche era o no un dúo de música de cámara poco importaba. Los dos hermanos aparecieron por el lateral, en medio de una cerrada ovación, saludaron con mimética sincronía. Se hizo el silencio. Todo estaba dispuesto para disfrutar del arte de los hermanos Olalla, afamados intérpretes de violín y de piano, nacidos siameses, unidos por la totalidad del costado; dos mentes, dos almas, dos manos... y un sólo corazón.

martes, 01 de junio de 2010
Comentarios
Sólo puede participar con sus comentarios si es socio del Club. Inscríbase, es gratis.
Esquina inferior izquierda Esquina inferior iderecha
Portal web DotNetNuke por DOTWARE tecnología a punto   GEN. 0,2617188 s