Jordi Caturla González
La figura de György Ligeti (1923-2006) quedará para siempre asociada a la de los grandes genios musicales ya no del siglo XX, sino para muchos, de toda la historia de la música. Sin entrar en explicaciones técnicas sobre los porqués de su genialidad, hay una cosa que no deja lugar a dudas sobre esta condición: el húngaro ha sido capaz de romper las barreras que separaban las músicas de vanguardia del gran público: su música era vanguardia, sí –y de la mejor y más seria- pero era a la vez música cercana, y transmitía emociones a ese público desencantado con los autores contemporáneos que ya miraba irremediablemente al pasado. Sólo por ello, Ligeti merece todos los honores y reconocimientos que ha tenido, sobre todo hacia el final de su vida; reconocimientos, además, prácticamente unánimes e indiscutibles en el mundo musical.
Una buena manera de conocer diversos aspectos de este compositor es acercarse a él a través de sus Estudios para piano, una magnífica síntesis de su estilo desde 1985 hasta el fin de sus días en la que uno se sorprende –yo lo sigo haciendo cada vez que los escucho- por la gran riqueza y originalidad de recursos técnico-compositivos y, sobre todo -y más importante-, por la enorme capacidad comunicativa de los mismos. Cada atmósfera, cada historia se revive con una intensidad inusitada en estos terrenos musicales.
Como recomendación discográfica, remito al lector a las versiones de Biret en Naxos y, sobre todo, a las de Aimard en Sony, que incluyen además la interesante Musica ricercata. Disfruten.
(+ Info - Biret-Ligeti-Naxos)
sábado, 01 de mayo de 2010