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La Filarmónica de Berlín, en su ordenador

Fernando López Vargas Machuca

Escribo estas líneas la tarde del martes 27 de abril mientras sigo en directo, desde el ordenador, el concierto que ofrece Daniel Barenboim al frente de la Filarmónica de Berlín con obras de Wagner, Elgar y Brahms desde la Philharmonie de la capital alemana. Y lo hago a través de ese novedoso, extraordinario pero -como ahora explicaré- aún no del todo satisfactorio servicio que es la Digital Concert Hall (“Sala de conciertos digital”) de la Berliner Philharmoniker, al que estoy abonado. La idea es fabulosa, pues ofrece no solo la posibilidad de ver en directo todos los programas de abono que ofrece la formación que hoy lidera Simon Rattle (quien dicho sea de paso como programador ha acertado tanto en la ampliación del repertorio como en la renovación de fórmulas interpretativas en el repertorio barroco y clásico), sino también todos los conciertos que se han filmado desde que se puso en marcha este proyecto. Y de precio el asunto está bien: “comprar” un solo concierto o una pieza sale caro, pero el abono anual (que desde hace poco ya no es válido por una temporada, sino por doce meses desde la fecha de la adquisición) ofrece por una cifra bastante razonable una tremenda cantidad de música. Cantidad que, lógicamente, va a ir aumentando año tras año si el proyecto sigue en pie.

Proyecto no del todo satisfactorio, hemos dicho. ¿Cuál es el problema? Pues la conexión a internet, y más concretamente el ancho de banda. La Digital Concert Hall ofrece tres calidades. La más alta de ellas es, agárrense, claramente superior a la de un DVD, aun sin llegar a la nitidez asombrosa del Blu-Ray. Para acceder a ella hay que tener una elevada velocidad de conexión si uno no quiere sufrir continuos parones en la imagen y el sonido, algo que en música resulta particularmente molesto. La calidad intermedia, sin llegar a la del DVD, es muy satisfactoria para paladares no demasiado exigentes, pero de nuevo aquí la conexión nos da la lata. Solo de vez en cuando, pero la da. Quien esto suscribe, sin ir más lejos, tiene una conexión de 10 Megas y se ve obligado a optar por la calidad “baja” de las tres que propone la Digital Concert Hall, siendo su sonido irreprochable pero quedándose corta en la imagen. Otra cosa es que haya gente que se las ingenie para descargar el contenido con la calidad más alta en el disco duro (cosa que en teoría no se puede hacer) y ver todo el concierto tranquilamente en su sofá sin sufrir angustiosos cortes en la trasmisión.

Tengo cada vez más claro que el futuro de la música enlatada pasa por la desaparición del Compact Disc tal y como hoy lo conocemos, la consolidación del Blu-Ray y la retransmisión vía internet de conciertos, sea con imagen o sin ella, sea pagando o de manera gratuita a través de la esponsorización. Por ello mismo les animo a que hagan como yo y realicen una suscripción: si son buenos melómanos lo disfrutarán muchísimo, sobre todo si pueden conectar el ordenador a la tele. Y al mismo tiempo le reclamo a las administraciones públicas que aceleren el proceso de ampliación de banda en España, pues esta es -según la Asociación de Internautas- la más cara y lenta de Europa, y por tanto a todas luces insuficiente para disfrutar de ese futuro maravilloso que nos dicen que ya está ahí, pero que todavía no nos acaba de llegar.

sábado, 01 de mayo de 2010
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