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La calle Beethoven

Inés Ruiz Artola

Al sentir sus manos en la espalda y levantarse con agilidad y destreza durante el ejercicio, comprendió que se acercaba el fin.
Su cara arrugada encajó de nuevo en el hueco de la camilla. Un primer plano peculiar e íntimo.
Los villancicos, esos que tanto enternecen, que hacen dudar a uno de todo y lo manipulan hasta el punto de sentirse ridículamente frágil, sonaban por la radio, al son de los movimientos de unos y otros. Recordó a su mujer. Brotó una lágrima.

…Malditos villancicos.
 
Por la ventana el árido paisaje se esforzaba por esbozar alguna música que lo acompañara, pero finalmente quedó mudo, tal vez por la doble capa de aislamiento contra el frío.
Tras hacer lo indicado y tomar algunas respiraciones profundas mirando al lejano techo, se incorporó y decidió despedirse. La ventana, de nuevo la ventana.
…Paisaje sonoro.
 
Hubo de interrumpirle en su quehacer, pero no quedaba otro remedio: se acercaba el final y dejarían de verse para siempre.
Rafał  paró y se acercó. Le regaló esa sonrisa blanca que invitaba a dejarse caer hacia atrás, confiar ciegamente. Sus ojos brillaban azules y límpidos, con aspecto casi de ángel.
En un ademán espontáneo, recíproco y fugaz, casi se dieron un abrazo de despedida. Pero todo quedó en eso, y al volver en sí, advirtieron que con un apretón de manos era suficiente, habría de ser suficiente.
Marchó con paso ligero, casi danzando y desapareció de la sala. Recordó la torpeza de sus pasos semanas atrás y sintió una mezcla de orgullo y miedo. Los años pasan, la progresiva languidez, el cojeo permanente, era algo con lo que ya había que vivir.
Al encontrarse a sí mismo arrodillado frente a la taquilla, mirando su móvil, absorto y ajeno a todo, no pudo evitar sonreír al percatarse de su propia imagen: una estampa de idolatría hacia la nada, hacia el absurdo. Un idolillo improvisado de hojalata. La vida misma.
…Una cantata
 
Salió y, a pesar del frío, decidió saltarse algunas paradas de autobús a pie. Fumó aunque sabe que no está bien. Decidió que el sol en su cara diera algo de alegría a su existencia, ese bien tan preciado: la alegría,… ¿o es el sol? Ambos.
Y se topó con una gran y desoladora avenida, con coches en circulación frenética a su izquierda, y un paisaje casi desértico a su derecha. Una línea recta y monótona que le llevaba a no sabía dónde, sin dar opción: las grandes avenidas rectas no dan pie a deambular, son lo que son, imponen su única dirección de forma implacable.
A pesar de la ingratitud del paseo, del mal puesto cemento del suelo, del alquitrán malherido y apegotonado azarosamente, continuó con paso firme. No podía permitir que le estropearan ese momento.
No había música. Castigado sin batería. Entonces decidió escuchar todo eso de ahí fuera: con un oído el ruido de los coches, con otro, el silencio del paisaje. A izquierda y derecha. Rememoró sus primeros recuerdos sonoros de esa ciudad gris que lo había visto crecer: el chirriar del tranvía y esos tres tonos ascendentes que causaba el metro cuando aceleraba. Recuerdos de juventud, sonidos oxidados.
… John Cage
 
Iba escuchando recuerdos y presente, sabiéndose tan poca cosa en mitad de esa avenida a la que en absoluto importaba en qué tramo se encontrara, cuando fue a dar, como en una suerte de milagro, con una calle trasversal: la calle Beethoven.
Sus pasos frenaron en seco, su mirada se alzó y sus ojos remiraron de nuevo el cartel, ¿qué hace usted aquí en mitad de este inhóspito paisaje?, ¿a quién se le ocurrió poner aquí su nombre?
 
…Beethoven, Beethoven, Beethoven
 
Pensó qué sentiría el compositor si diera ese mismo paseo, si viera cómo es el mundo en ese momento. Si escuchara los coches, si viera el silencio, si palpara lo actual. Como en esa película en la que se le ve entrando en una tienda de discos.
 
…Mauricio Kagel
 
Volvió a la ventana, esa por la que miró al levantarse, esa a la que tantas veces había ya mirado, con lágrimas en los ojos, con desesperación, con dolores punzantes, con el alivio del masaje. Esa ventana que miraba con él tantas veces: Rafał con sus ojos cristalinos perdidos en el cielo, él tratando de poner música a la espera de la recuperación.
…¿Satie?

 

domingo, 01 de enero de 2012
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