Variaciones cromáticas de rojizos, ocres, amarillos y anaranjados. Las hojas secas se amontonan, crujen bajo los pasos, forman una manta improvisada para los juegos de niños. El sol, cuando se digna a salir, provoca un espectáculo que vuelve a llenarnos de esperanza, que nos concede cierta prórroga ante el inevitable, cercano y casi amenazante túnel del invierno. “El otoño dorado de Varsovia”, así lo llaman los de aquí. Y qué razón tienen.
Aún así, poca gente debe haber que espere al otoñ...
Escrito por Inés Ruiz Artola el martes, 01 de noviembre de 2011