Sólo era una finita extensión de tela, cortada de algún modo, cosida de otro, teñida de ocres y azules oscuros, pensada para rodear el cuello y acercarlo a la elegancia. Llamada a permanecer enroscada como una serpiente dormida la mayor parte de su existencia, metida en una caja, incluida en mi armario, dentro de mi cuarto, en el interior de mi casa.
Sólo era una corbata, un regalo de mi madre para mi primer concierto, un talismán, un recuerdo, un empujón hacia la seguridad, una dosis de autoes...
sábado, 01 de octubre de 2011